El cuscús y el bulgur tienen una gran ventaja: se preparan con rapidez y admiten casi cualquier acompañamiento. Precisamente por eso, conviene cocinar una cantidad mayor de la necesaria. Lo que sobra se convierte en la base de las comidas siguientes. Se trabaja una sola vez y se aprovechan los resultados durante varios días. Es una idea muy práctica para casas pequeñas.
Cuece el cereal según las indicaciones del paquete, con un poco de sal y un chorrito de aceite. Cuando esté listo, sepáralo con un tenedor para que los granos queden sueltos. No lo aplastes, porque perdería ligereza. Aparta la parte que vas a comer ese día. El resto se guardará para después.
Un mismo cereal, muchos platos
El primer día, el cuscús puede acompañar unas verduras salteadas o un guiso. Al día siguiente, se mezcla con tomate, pepino y hierbas frescas para formar una ensalada. Otro día, se calienta en la sartén con un huevo y algo de verdura. También sirve de relleno para pimientos o calabacines. Con la misma base, los platos no se parecen entre sí.
Guarda el cereal cocido en un recipiente con tapa, en la nevera. Si lo divides en varias porciones pequeñas, resulta más cómodo sacar solo lo que necesitas. Un poco de aceite mezclado con los granos evita que se peguen. Antes de usarlo, caliéntalo con un chorrito de agua o de caldo. Así recupera su textura suelta.
Estos cereales aceptan casi cualquier sabor y son fáciles de tener siempre a mano. Con canela y pasas, se convierten en un acompañamiento dulce. Con comino y limón, cobran un aire fresco. Con un poco de caldo y verduras, forman una sopa espesa. Probar combinaciones distintas es la mejor manera de descubrir tus favoritas.
Cocinar una cantidad mayor lleva casi el mismo tiempo que hacer una pequeña. La diferencia está en lo que se gana después: comidas rápidas, sin apenas trabajo. Para quien cocina solo o en pareja, es un truco que merece la pena. Se prepara una vez y se disfruta varias veces. La cocina agradece cada minuto ahorrado.