Planificar las cenas de la semana para que un plato lleve al siguiente

Ilustración de un paisaje

Planificar las cenas de la semana no significa cocinar algo distinto cada noche desde cero. Una forma más sencilla consiste en enlazar los platos, de modo que uno deje algo preparado para el siguiente. Así, el trabajo del lunes ayuda a que el martes sea más fácil. Se cocina menos, se reparte el esfuerzo y se tira menos comida.

Empieza por elegir una comida principal que dé para varias cenas. Puede ser un guiso, un asado sencillo o una olla de legumbres. Cocínala con calma y calcula que sobrará una parte. Esa parte será el punto de partida de la siguiente comida. No hace falta que los dos platos se parezcan.

Un plato lleva al siguiente

Un guiso de verduras puede convertirse al día siguiente en una crema, triturado con un poco de caldo. Un arroz cocido sirve para saltearlo con huevo y verduras. Las legumbres de una noche se transforman en una ensalada fría o en unas albóndigas. De este modo, cada plato conserva algo del anterior, pero tiene su propio carácter.

Para llevar esto a la práctica, escribe las cenas en una lista corta. Junto a cada una, anota lo que sobra y en qué plato puede reaparecer. Por ejemplo, si el lunes se cocina pollo, el martes puede haber un bocadillo o una ensalada con lo que queda. Así se ve de un vistazo cómo encajan las piezas.

Un hogar pequeño se beneficia mucho de este método. Como se cocina poca cantidad, cada sobra cuenta y no conviene desperdiciarla. Al planificar, se compra solo lo necesario y se evita llenar la nevera de productos sueltos. La compra también se simplifica, porque muchos ingredientes se repiten. Todo esto ahorra tiempo y esfuerzo.

Es importante ser flexible. Si un día no apetece lo previsto, se puede cambiar el orden sin problema. Lo esencial es no perder de vista lo que hay en casa. Con el tiempo, se aprende qué platos se prestan mejor a este juego y cuáles no. Al final, la semana fluye con más calma y menos improvisación.